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viernes, 6 de septiembre de 2013

Patatas bravas


Con las patatas bravas la raza humana ha tocado fondo en cuanto a la ética y a la moral se refieren. Varios juicios de Nürnberg celebraría yo para todos aquellos que sirven a la voz de "¡una de bravas!", cuatro patatas mal paridas con un salpicón de "orlando" que no hace más que ensuciarlas.

Sin ruborizarse, te las plantan encima de la mesa y, dicen, que incluso duermen bien esa noche. No hay manera más indigna de acabar con la ilusión del pobre comensal que, con toda su buena intención, se sentó en esa tasca con el simple deseo de zamparse una de bravas como la tradición manda.

Gran interés y debate hay últimamente en el reducto bloguero gastronómico de la red sobre este clásico de taberna. Detractores y defensores de una y otra receta. El bando capitalista (de capital) ajustándose a la línea y la escuadra catalano - levantina, que se desmarca acompañando a las bravas con su salsa patria: el all i oli.

Lo único que tenemos claro escuchando a unos y a otros es que las bravas llevan patata... Bueno y que, por supuesto, si son bravas es que tienen temperamento, eso quiere decir, señores taberneros, que las bravas pican.

Hoy vamos a reproducir la receta de Josean Merino, chef del restaurante Marmitaco de Vitoria. Unas bravas muy muy dignas que cumplen las expectativas de todo amante de esta tapa ancestral.

Ingredientes:

1 Kg de tomates en rama
4 patatas medianas
1 cebolleta
6 o 7 ajos
1 cucharadita de pulpa de pimiento choricero
1/2 cucharadita de pulpa de guindilla
1 cucharadita de pimentón picante de La Vera (Of course)
Aceite de oliva V.E.
Sal
Pimienta

Preparación:

Lavamos y cortamos los tomates por la mitad, los disponemos boca arriba sobre la bandeja del horno y los coronamos con medio ajo pelado. Salpimentamos y rociamos con aceite de oliva. Los asaremos durante 45 minutos a 200º.



Tenemos tres opciones con los tomates: escaldarlos y pelarlos antes de meterlos en el horno; no pelarlos y posteriormente triturar y pasar por un pasapurés o simplemente triturar; la verdad es que la piel no estorbará en ningún momento.

Mientras se asan los tomates y los ajos, nos pondremos manos a la obra con las patatas y el sofrito de la salsa brava:

Pelamos y lavamos las 4 patatas, las cortamos en gajos o las chascamos en trozos medianos. Una vez cortadas las pasamos por agua para arrastrar el máximo de almidón que nos sea posible. Las secamos y sumergimos en aceite de oliva a 130º hasta que las pinchemos con una puntilla y no ofrezcan resistencia. En este momento las escurrimos y dejamos enfriar a temperatura ambiente.

Para el sofrito picaremos y pocharemos una cebolleta, añadimos una cucharadita de pulpa de pimiento choricero; entre media y una cucharadita de pulpa de guindilla, dependiendo del grado de picante que nos apetezca; y ya, fuera del fuego una cucharadita de pimentón de La Vera picante.












Después de asados los tomates y los ajos los trituraremos y añadiremos al sofrito. Dejamos que reduzca, que pierda el agua, a fuego medio durante, más menos, 15 minutos. Probamos y rectificamos de sal o pimienta.











En el último momento, calentamos el aceite a 200º para dar la última fritura clave. Sumergimos las patatas "pochadas" de poco en poco durante 3 o 4 minutos en este aceite infernal hasta que doren y notemos su firmeza y su textura crujiente al tacto.



No introducir muchas patatas a la vez o el aceite bajará drásticamente su temperatura y las patatas quedarán blandas. Las escurrimos en papel de cocina para librarnos del exceso de aceite. Las disponemos en una fuente, las salamos bien, y las cubrimos de nuestra gloriosa salsa.

Os pido encarecidamente que probéis a prepararlas en casa, disfrutaréis de lo lindo.

Saludos y abrazos a todos.

PD: No aparece en los ingredientes, pero es imprescindible el uso de una cerveza helada que acompañe a estas perlas picantes.

PPD: Es difícil encontrar en algunos sitios pulpa de guindilla, como por ejemplo es el caso de mi pueblo. En este caso podemos sustituir por una pimienta cayena molida sin problema.

jueves, 7 de febrero de 2013

Pseudo-tataki de cerdo



Según la Real Academia de la Wikipedia "tataki" significa "distribuido en piezas", algo así como escalopar piezas de carne o pescado marinadas y marcadas al fuego. El más popular, el tataki de atún, que muchos habréis probado en algún restaurante japo de vuestro pueblo:

www.hogarutil.com

Nosotros vamos a preparar algo parecido con nuestro atún rojo extremeño particular, el cerdo ibérico:

Ingredientes (Tapa para 1 o 2 personas):

1 Pieza de 500g. de solomillo de cerdo celtíbero
Medio vaso de vino tinto
35ml. de salsa de soja (Precisión mililítrica)
Una pizca de cebolla frita crujiente
Semillas de sésamo
Pizca de cebollino picado
Aceite de oliva.

Maniobras:

Lo llamo pseudo-tataki porque no vamos a marinar el cerdo antes de pasarlo por la sartén, vamos a salsearlo una vez marcado. Calentamos una sartén a fuego medio-fuerte y marcamos bien el solomillo por todas partes, dorará la superficie pero quedará prácticamente crudo por el centro. Yo creo que ese es el punto de un tataki, la pieza de carne o pescado tiene que estar simplemente atemperada en su interior- Quizás tenga más sentido lo que digo con pescado, pero yo no tengo reparo en comerme un buen solomillo que grite al pincharlo con el tenedor. Al que le guste más hecho sólo tiene que marcar a fuego más bajo para que de tiempo a que el calor se infiltre hasta el centro sin quemar las caras del solomillo.

Mientras tanto hemos mezclado medio vaso de vino tinto y 35ml. de salsa de soja en un cazo pequeño. Reduciremos la salsa hasta que tenga una consistencia espesa, más o menos hasta la mitad de su volumen.

Escalopamos la pieza de carne en rodajas de más o menos medio centímetro y las presentamos en un plato dispuestas en plan fichas de dominó. Salseamos con la reducción; no hará falta sal ya que la salsa de soja reducida es lo suficientemente potente en cuanto a sodio se refiere. Podemos espolvorear con unas cuantas semillas de sésamo, con cebolla frita crujiente (que podemos comprar envasada) y 2 o 3 ramitas de cebollino finamente picadas.

Como entrante o como capricho para acompañar un vino o una buena cervecita no está nada mal. No está nada mal para cualquier ocasión de hecho.

Recomiendo comerlo mientras vemos Ranma para entrar mejor en situación.

martes, 22 de enero de 2013

Croquetón de morcilla



Me vas a hacer un favor, te vas a levantar, vas a ir a la cocina, vas a abrir el congelador y vas a tirar a la basura el paquete de croquetas congeladas que siempre sueles tener a mano. Sé que son socorridas, pero... Hazme ese favor, ¿vale? Si no las quieres tirar a la basura porque te han valido un dinero, utilízalas para arrojárselas a la gente que va paseando tranquilamente por la calle desde tu ventana. Por lo menos servirán para algo.

Ahora unas indicaciones para hacer una de las mejores croquetas que existen all over the world: croquetones de morcilla.

Ingredientes para unas poquitas:

500ml. de leche entera (El que utilice desnatada y después le meta una morcilla es para matarle)
50g. de Harina
40g. de mantequilla
10g. de aceite de olive virgen extra
100g. de morcilla encebollada de Arroyo
1 Huevo
Pan rallado
Sal
Aceite de oliva 0'4º para freír.

Intríngulis:

Los ingredientes son para hacer unos pocos croquetones que sirvan de tapita en casa con un buen vinate, si queréis hacer más sólo tenéis que calcular las proporciones.

Esto es tan fácil como hacer una bechamel para croquetas al uso y deshacer en ella una pieza de morcilla encebollada que va a hacer que se nos caiga una lágrima de emoción. Vamos a ello:

Calentamos dos cazuelas al fuego, no muy fuerte. En una de ellas vertemos 2 vasos de leche y en la otra vamos fundiendo la mantequilla junto con el aceite. Quitamos la tripa a la morcilla, la deshacemos y la reservamos. Acto seguido, en la cazuela donde hemos calentado el aceite y la mantequilla, añadimos la harina, la cocinamos y volcamos la leche hirviendo del tirón. Removemos enérgicamente con una varilla de tal manera que no queden grumos de harina. Añadimos la morcilla a la bechamel. Nos ocupará unos minutos remover sin descanso hasta conseguir una salsa cremosa, espesita y con el colorazo que le dará la morcilla.

Untad una bandeja con aceite y verted en ella la masa. Tapad con film, que la toque, que no haya espacio para que entre aire, así no creará costra. Dejamos que atempere y metemos en la nevera para el día siguiente.

Después de haber esperado 24 horas sentados delante de la nevera en una mecedora, escopeta en mano, vigilando que no se escapen, nos vamos a disponer a freír.

Ponemos aceite a calentar, bien caliente, unos 180º. Cogemos una buena cucharada de masa y le damos forma, redondas, alargadas, cuadradas, como nos gusten. Pasamos por huevo y pan rallado y a la sartén, que queden bien doradas. Escurrimos en un plato con papel absorbente y a comer.

Para la foto está el croquetón un poco maqueado. Base de salsa de tomate y unos cuantos canónigos. Todo ello enmarcado en un plato de pizarra que me trae un sherpa de las montañas de Las Hurdes cada año según se acerca Madrid Fusión. Vosotros podéis hacer lo que queráis hijos míos.

¡Saludos!

martes, 15 de enero de 2013

Champiñones al horno con mozzarella y albahaca



Se trata de que un domingo abras la nevera y te des cuenta de que tienes unos champiñones que, o les metes mano o crecerán champiñones dentro de los champiñones. ¿Tenemos queso y alguna hierbita?, pues venga, al lío. Vamos a ver qué hacemos con todo esto, algo muy fácil, veréis.

Ingredientes para dos humanoides:

8 caperuzos de champiñon grandes
Salsa de tomate casera güena
Mozzarella fresca
Hojas de albahaca
Orégano seco
Taquitos de bacon, chorizo, una anchoa, lo que os guste...

Preparación:

Precalentamos el horno a 180º. Untamos el fondo de un pirex con aceite y un poco de sal gorda.

Les quitamos los tallos a los champis, vamos a aprovechar sólo las txapelas, que les llaman los vascos. Colocamos los champiñones en el plato para horno que habíamos untado de aceite y sal. 

Y ahora, es como currarse un topping de pizza dentro del champiñón, que nos va a hacer de soporte. Rellenamos con un poquito de salsa de tomate casera, orégano, bacon, chorizo o lo que os guste bien picadito, un dado de mozzarella y coronamos con una hoja de albahaca.

Lo metemos en el horno unos 10 minutos a 180º y tíos, como tapita da el pego. Nos abrimos una cerveza fría, nos ponemos The Siren de Graveyard y, con buena compañía, todo está hecho. 

Saludos camaradas.